¡Bárbaros en Gante!

Siempre se habla de las cuatro tortugas ninja del Renacimiento, pero más allá de éstas, el periodo fue un verdadero caldo en el que hirvieron al unísono innumerables mentes brillantes que a veces olvidamos; comenzando por el visionario que acuñó el mismo término “Renacimiento”: el arquitecto, pintor, escritor y máximo patrono de la historia del arte, Giorgio Vasari. Este gran maestro fue capaz de notar la gloria sin precedentes que se estaba viviendo en la Italia del siglo XIV, ese súbito despertar tras el periodo medieval. Lo cual me recuerda otro término acuñado por él: “Gótico”, palabra que nos remite a las tribus de godos que acabaron con la gloria romana y hundieron a Europa en el Oscurantismo. Vasari deploraba el arte medieval, al punto que en su libro Las vidas de los más excelentes arquitectos, pintores y escultores italianos, implora a Dios “librar a los pueblos de caer en el error de concebir tales edificios, que por su deformidad y por carecer en absoluto de la belleza de nuestros estilos, no son dignos de que los describamos”; sin embargo, vaya que Giorgio hace hincapié en describirlos: “monstruoso”, “carente de armonía” y “bárbaro” son algunas de las palabras predilectas del genio italiano para referirse a este periodo.

Pienso en Vasari mientras camino por las calles de Gante. De una u otra manera, las ciudades belgas parecen haber quedado congeladas en este deplorable periodo en el que de acuerdo al maestro italiano todo son “resaltos, hendiduras, repisas y caulículos en profusión tan inmensa, que restan proporción a toda la obra”; el detallismo y adorno continúa cuando entro a una de estas deformes edificaciones oscurantistas y sus vitrales me bañan en luz de colores; volteo hacia arriba (muy arriba): las agujas del tejado de la iglesia parecen desear ponchar las nubes, una hazaña de la ingeniería que, en palabras de Vasari, “ha corrompido el buen gusto (…), da la impresión de estar hecho de papel y no de mármol o piedra”. Pero las calles e iglesias de Gante son sólo una distracción en el camino. Lo que realmente he venido a ver es un retablo pintado por uno de estos bárbaros, ¡y qué bárbaro! Jan van Eyck, patrono de todos esos salvajes pintores flamencos, creador de la pintura al óleo y de la obra de arte más robada en la historia: “La adoración del cordero místico”. El mensaje cristiano de este retablo es tan concentrado y ambicioso, que Vasari lo tacharía de confuso y sobre adornado, y no miente: solamente en el cuadro central del retablo se pueden ubicar varias decenas de especies de plantas distintas, vaya, nada más que divertimentos creados “para satisfacer a las personas que poco de aquel arte entienden”. Así que, si algún día visitan Gante, no se dejen sorprender con las monstruosidades creadas por esos salvajes ignorantes; si un gran genio como Vasari escribió todas estas barbaridades en su libro más célebre, entonces, deben ser verdad.

– Carlota

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