Cambio de escolta

Clac clac clac clac—CLAC clac clac clac.

Una bicicleta mínima se tambalea veloz sobre la plaza Pilsudski. El niño se apresura a alcanzarlos, pero se detiene de súbito: la abuela lo coge del hombro y luego de la greña: para detener aquel suicidio; finalmente el niño cae y rebota sobre las baldosas color hueso. Llora. La abuela no lo consuela: mira hacia el otro lado, los mira a ellos, aliviada de que aquel clac clac clac clac no se haya detenido, obligado por la impertinencia de su nieto.

Su nieto: que todos los días cruza la muralla del gueto como si se tratara apenas de una grieta en el piso.

¿Cuántos años hace ya? La abuela los mira a ellos: a los años: enormes: monumentales: monstruosos. El cúmulo de años, aquella pila interminable, se corona con una antena con pies de mausoleo brutalista. Nunca entendió qué tenía aquello de palacio, ni de ciencias, ni de artes, aunque su nombre diga todavía las tres cosas: las palabras se vacían con el tiempo y sus repeticiones. También las salas del palacio, que ahora están vacías.

¿Vacías de qué?

¿De qué estuvieron llenas?

¿De qué están llenas las grietas?, se pregunta la abuela como un eco.

Clac clac clac clac—CLAC clac clac clac.

Se le desvanece la idea: una legión de adolescentes brasileños fotografía la llama eterna. El atardecer amenaza sombras largas sobre Varsovia: algunas luces se extinguen, otras no. El niño llora todavía, encendido con esa rabia primaria que a cierta edad empieza a desvanecerse y que luego, a veces, emerge.

Emerge cuando ella marchaba, por ejemplo. Cuando aquel clac clac clac clac era algo muy distinto a lo que es esta tarde: algo muy distinto que para muchos habrase ya desvanecido.

Pero no a todo lo desvanece el tiempo.

Hay cosas a las que el tiempo ahueca: cosas a las que el tiempo vuelve eco: interminables: delatoras: legión.

Clac clac clac clac—CLAC clac clac clac.

La abuela abraza al niño: pronto ella será también una grieta llena de aquel tiempo que terminó hace mucho.

Hace mucho.

Hace ya mucho:

Hace un eco.

 

– Ruy

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