Celestún, Yucatán

Iniciamos la peregrinación a Celestún para visitar el templo de las aves con cuello de serpiente emplumada. La evolución tiene maneras curiosas. Conforme la lancha se acercó, lo que a lo lejos se vislumbraba como una delgada línea rosa se fue transformando en una vorágine mamey de sonidos guturales. Parecía una sofisticada reunión de caballeros estirados que orgullosos se pavoneaban entre sí viendo al resto por encima del hombro; el guía nos explicó que “los flamencos macho marchan, levantan el cuello y hacen giros como acicalándose para atraer a las hembras”. Mientras las hembras comían indiferentes, algunos celosos perdieron el porte agarrándose a picotazos para acertar su dominio; si te fijas bien en sus fieros ojos sáuricos puedes notar que debajo de su rosada elegancia aún mantienen algo de sus colosales ancestros jurásicos. En nuestra lancha también se hicieron honores a nuestros ancestros homínidos: el guía se acercó más a los flamencos y nos explicó con aires heroicos (que sugerían una mejor propina) “tenemos prohibido acercarnos demasiado a las áreas de alimentación y reproducción de los flamencos, pero vamos a hacer la excepción para ofrecerles una mejor experiencia”. La evolución tiene maneras curiosas. Una diferencia importante entre los hombres y las bestias es que los primeros suelen morder la mano (o en este caso la pata palmípeda) de quienes les dan de comer.

– Carlota

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