El Guignol y los Lumiére: el sitcom original

Laurent Morguet debió haber sido el terror de Lyon. Todo aquel que se haya visto obligado a pegarle una visita, debe haber sentido que se encontraba bajo las garras del mismísimo Satán ante sus mecanismos de tortura. Dedicarse a la digna labor de sacar muelas en tiempos previos a la anestesia debe haber sido una cosa terrible tanto para Morguet como para sus víctimas; así que, con la idea de distraer a sus pacientes y hacerlos olvidar su dolor, Laurent montó un pequeñísimo teatro de títeres.

Bueno, este es uno de los cuentos chinos que se suelen utilizan para narrar los orígenes del teatro Guignol; pero sea como haya sido la historia de Morguet, hay que reconocerle que, si de formatos y nuevas narrativas se trata, él sí que innovó: su teatro era tan sencillo, pequeño y económico que hasta ahora, el modelo se sigue replicando y adaptando a nuevos medios. Por lo general las nuevas tecnologías dan pie a nuevas estrategias para relatar, pero la táctica del Guignol trascendió hasta series tan famosas como El chavo del 8: pocos personajes estereotípicos que se revuelven alrededor del protagonista en los mismos escenarios, dan pie a una infinidad de historias posibles.

Lyon parece ser todo un hervidero de narradores experimentales: un siglo después de Laurent, en las mismas calles que tiraba las muelas podridas de sus pacientes, un par de hermanos, Auguste y Antoine Lumiére, comenzaron a experimentar con la fotografía buscando darle una nueva dimensión. Sus indagaciones resultaron en una nueva estrategia narrativa nunca antes vista: el cine.

Tuvo que pasar otro siglo para que se fusionaran las innovaciones de estos lioneses y el resultado es quizá la fórmula más exitosa y adictiva de la televisión, una que sin importar los avances tecnológicos, no parece caducar. Así que, la próxima vez que abras Netflix o te pongas a ver Friends, Seinfeld o The Big Bang Theory, recuerda este otro cuento chino sobre los orígenes del sitcom y piensa en los hermanos Lumiére intentando aumentar las posibilidades de una fotografía y en Laurent Morguet cosiendo títeres para distraer a personas aullando de dolor.

– Carlota

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