El May Believe

Las vueltas inadvertidas que dan las conversaciones son cosa curiosa. A tan solo cinco minutos de haber saludado a Miriam ya estábamos platicando sobre lo insoportable que es Lorelai Gilmore; tras hablar de boxing yoga y de discutir si las papas con curry son un platillo irlandés o no, le pedimos unas recomendaciones sobre qué hacer en el pequeño pueblo de Midleton.

Nos recomendó ir a un pub, lo cual me recuerda otra cosa curiosa sobre las conversaciones: la interpretación. Entre nuestro oído oxidado y el marcado acento irlandés de Miriam había algunas palabras y frases que nos tomamos la libertad de adivinar, así que, tanto yo como Ruy decidimos entender que el pub que nos estaba recomendando se llamaba “The May Believe”.

Nos encaminábamos hacia el pub de nombre meloso cuando escuchamos acercarse unos motores que tronaban como matraca, el sonido provenía de una caravana de coches antiguos que desfilaban por las calles con sus conductores saludando a los peatones al estilo Lady Di. Entonces noté otra cosa curiosa sobre las conversaciones: cuando tienes una plática fresca en la mente comienzas a hacer relaciones un tanto absurdas. Quizá haya sido debido a la plática sobre Gilmore Girls, pero todo en Midleton me recordaba a Stars Hollow, el pueblo de la serie, desde la cafetería donde todos se conocen hasta la pequeña y acogedora librería; desde la caravana de coches antiguos hasta el pub, que en realidad no se llamaba “The May Believe”, sino “The Maple Leaf”; lo cual, como ya sospechará el lector, nos señaló otra cosa curiosa sobre las conversaciones: uno suele entender lo que quiere escuchar. Midleton nos permitió creer, o al menos fantasear, con que estábamos viviendo en un pueblecito campirano de televisión por unos días.

– Carlota

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