Las desventuras de la pequeña Polonia

Érase una vez Polonia: la protagonista de este larguísimo y macabro cuento de hadas; la niña que se ha topado en el camino a casa a más lobos de los que cualquier Caperucita podría soportar; la muñeca desmembrada y abandonada que con mucha paciencia y trabajo ha logrado coserse una sonrisa chueca en su carita magullada.

Este capítulo comienza en la Basílica de Santa María en Cracovia, con unos turistas del siglo XXI rebuznando para sus adentros “Otra pinche iglesia medieval…” y con una guía que como Sherezada, narraba y conectaba los capítulos tomados de la gran historia de la pequeña Polonia que tuvieron lugar en esta iglesia medieval que de pinche no tenía nada.

Subimos a la torre de la iglesia donde Sherezada nos contó la historia del lobo que se topó la pequeña Polonia en el siglo XI. Bueno, a decir verdad, fueron muchos los lobos que se topó en ese siglo, pues las hordas mongólicas atacaron en varias oleadas, cada una más despiadada y sanguinaria que la anterior; pero como el tiempo apremiaba, nuestra guía se enfocó en narrar sobre la única oleada en la que nuestra protagonista salió victoriosa: “Esta vez el vigilante no se quedó dormido y tocó la trompeta para alertar al pueblo sobre el asedio y darles tiempo para organizar la defensa. Mientras tocaba, una flecha enemiga atravesó su garganta, ponchando su vida y sus trompetillas. En honor a este héroe que salvó a Cracovia de otra terrible invasión tártara, cada hora se toca desde la torre más alta de la iglesia, el Hejnal Mariacki: una pieza para trompeta que termina en un súbito ponchido”.

Bajamos a la nave principal de la iglesia y nos paramos frente al altar de Veit Stross, uno de los más grandes tesoros del arte Gótico universal. Antes de entrar de lleno a la historia del segundo lobo del Apocalipsis, nuestra guía nos dió algunos datos sobre el altar: “Fue creado entre 1477 y 1484, muestra escenas de la vida de Jesús y María y ha tenido que ser restaurado muchas veces”. El altar, además de contar las aventuras de Jesús y María en sus hermosos relieves, cuenta con una serie de heridas restauradas que cuentan otra historia, misma que Sherezada comenzó a narrar, ya con un poco de prisa: “Parte del programa Nazi para acabar con la cultura polaca, era privarlos de aquellos objetos y símbolos que formaban parte de su identidad; así, el altar fue enviado al Tercer reich y almacenado en el sótano del castillo de Nuremberg, donde aunque con muchos daños, logró sobrevivir a los terribles bombardeos. El altar fue devuelto a Cracovia en 1946 y logró sobrevivir también a la destrucción soviética. Aún hay 63 mil objetos de arte polaco, que fueron robados por Nazis y Soviéticos, que permanecen perdidos”.

Nos quedamos con ganas de escuchar la historia de cómo es que la iglesia y el altar sobrevivieron a Stalin, el último lobo de esta historia; pero el tiempo apremia y Sherezada debe entretener a nuevos turistas. Es por eso que aquí acaba este parte del cuento de hadas sobre la pequeña Polonia. Nos gustaría poner el punto final después de “vivieron felices para siempre”; pero hablar de una eternidad en esta macabra saga de historias, sería poco acertado; así que mejor diremos “vivieron felices mientras pudieron”.

– Carlota

Anuncios