Machines of Loving Grace

No queríamos ir al Palais de Tokyo, pero nos arrastramos, como a las 9 de la noche, porque ya nos habíamos programado: había que aprovechar que cierra a la medianoche y que sería el único museo vacío que veríamos en París; debíamos corregir el fallido primer intento por visitarlo.

(Esa primera vez fue así: caminamos dos horas; entramos, agotados, por una puerta monumental; nos dimos cuenta, ya cuando cualquier cosa podía derrumbarnos el humor, de que en vez de meternos al Palais de Tokyo habíamos entrado al Museo de Arte Moderno de París; odiamos el tiempo malgastado y fuimos a comer falafel; ya que aprendimos la ubicación del sitio al que sí queríamos ir, juramos volver de noche, cuando la ciudad tuviera las defensas bajas.)

Entramos al verdadero Palais con París oscuro, medio en automático. Vimos los mecanismos caseros (andamios de sillas, mesas, burros de planchar) con los que Taro Izumi busca congelar instantes imposibles de cuerpos en medio de un partido de futbol; los otros constructos, con los que busca atrapar un momento fugaz con zapatos regados por el suelo o bosques inversos de piernas colgadas del techo: el tiempo como un sistema operativo infectado de conciencia. Vimos las piezas de Abraham Poincheval, que usa su experiencia humana como una maquinaria para provocar extremos: vivir metido en una roca durante semanas; habitar igual la piel de un oso, una botella echada al azaroso mar: concebirse como una máquina que puede hackearse hasta dejar de comportarse como humano, ser una programada armonía con lo otro.

En el muro que inauguraba una la exposición final, estaba este poema de Richard Brautigan:

All Watched Over by Machines of Loving Grace

I like to think (and
the sooner the better!)
of a cybernetic meadow
where mammals and computers
live together in mutually
programming harmony
like pure water
touching clear sky.

I like to think
(right now, please!)
of a cybernetic forest
filled with pines and electronics
where deer stroll peacefully
past computers
as if they were flowers
with spinning blossoms.

I like to think
(it has to be!)
of a cybernetic ecology
where we are free of our labors
and joined back to nature,
returned to our mammal
brothers and sisters,
and all watched over
by machines of loving grace.

Me quedó la impresión de que todo esto —el poema, las exposiciones, la visita que por poco no pasa— cuenta una historia (un futuro que ya es, un equilibrio ecológico oculto) que, con el hardware quizá poco actualizado que manejo, no logro del todo vislumbrar.

– Ruy

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