Pico de Orizaba, Veracruz

La carretera parece una pintura de Bob Ross, pero en realidad es una maquinación de Francis Bacon. De pronto, se divisa la punta nevada del Pico de Orizaba, “debemos estar cerca”, pensamos, pero se trata de apenas la mitad del camino.

Mi papá era un veloz y aguerrido conductor; aunque él se sentía invencible al volante, yo siempre pensé que moriría en un accidente automovilístico; no sucedió así, el cáncer fue más veloz y aguerrido que él. Han pasado tres meses desde que acabó su carrera, y aunque mentiría si dijera que planeamos este viaje como tributo a su muerte, escuchar a Lou Reed en la autopista es una manera más honesta de tenerlo en mente que asistir a las misas que él tanto odiaba. Así que tomamos prestada su camioneta junto con algunos de sus discos favoritos y nos lanzamos al camino.

El volante está gastado por sus manos resecas y mordisqueadas. Aunque con los años papá se tornó cada vez más melancólico y silencioso, había momentos en los que todavía era él, como cuando iba como un salvaje esquivando trailers y carcasas de perro en la carretera al ritmo de Led Zeppelin. Ahora somos nosotros quienes melancólicos y silenciosos esquivan trailers y carcasas de perro. Estamos apenas a la mitad del camino y nos sentimos invencibles.

– Carlota

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