Pornografía papilar a la francesa

De verdad hemos intentado ser saludables, pero encontrar una ensalada en París es una labor imposible. Al parecer los franceses consideran la comida simple deplorable: cortar unas hojitas verdes, un jitomate y acomodarlos en un plato, así sin ningún proceso, no parece tener ningún sentido para ellos. Un verdadero plato francés lleva de menos un par de días de preparación (ni mencionar sus apestosísimos quesos y vinos, que pueden esperar años antes de rozar un paladar). Lo mismo sucede dentro del espectro de los sabores: el francés no se conforma con sensaciones papilares tan sosas como dulce, salado o amargo. ¿Tanta paciencia y trabajo para estimular unas cuantas áreas de la lengua? ¡Ridículo! el chiste es crear caos sensorial, iniciar una orgía gustativa.

Nuestro amigo Jesús es un experimentado cazador de joyas gastronómicas y, para nuestra suerte, vive en París desde hace un par de años. Cuando llegamos a la capital de la cebolla, prometió llevarnos a un lugar que, en sus palabras, sería verdaderamente “deslechador”. Así fue como llegamos a Aux Crus de Bourgogne, donde se jactan de hacer el mejor boeuf bourguignon de la ciudad.

Tomamos asiento y el show comenzó: aterrizaron en la mesa unos esculturales huevos duros con un menjurje untado a modo de sombrero. El huevo no era más que un medio para comer esa tersa pomada con recuerdos de mostaza, cuyo picor zumbaba sutil en los oídos. Así, con la lengua, garganta, oídos y nariz haciendo efervescencia, se abrió paso al protagonista de esta película porno: el sensual boeuf bourguignon. Sólo de olerlo las glándulas salivales empezaron a bailar, pero esa mezcla de sabores fuertes a carne, verduras y vino fue lo que las llevó a explotar. ¿Cuántas horas en el horno serán necesarias para obtener esa textura y hacer brotar esos sabores? Nadie habla, estamos absortos remojando el pan en los jugos restantes de la carne; el vino, con toda su perfección, queda olvidado en la mesa hasta que recogen los platos. Bebemos vino y hablamos un poco, sólo lo necesario para llenar el angustioso espacio de tiempo entre que se llevan los platos y traen el postre: un aterciopelado mousse de chocolate dulce, con un dejo amargoso, pero con un toque de sal; a estos tipos sí que les gustan las sensaciones complejas, mi pobre lengua tiene esquizofrenia. Pero no importa, hay que ser fuertes y soportar las consecuencias de no encontrar una ensalada.

– Carlota

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