Viajar para…

A todo esto, ¿por qué estamos viajando? ¿Por qué tomarnos la molestia de pagar un avión o un bus, hallar un cuarto de hotel (muchas veces incomódo) o un hospedaje (a veces hasta mugroso), ir a un lugar donde uno no habla el idioma o al menos el slang, a pasar casi todo el tiempo como una suerte de paria al que todos ven raro cuando no groseramente feo? ¿Qué objetivo tiene el viajar como lo estamos haciendo, saltando velozmente de ciudad en ciudad, de estación en estación, con mochilas de 15 kilos a la espalda, a la merced de los caprichosos sistemas de transporte, casi siempre sin saber dónde o cómo o si estaremos en una semana? ¿Por qué estas penurias (en realidad son penurias) representan, para nosotros y para casi todos, un estado de placer, un objetivo de vida, unas vacaciones?

La respuesta inmediata, quizá obvia, podría ser: para conocer. Y seguramente es la respuesta correcta, salvo porque ese verbo, “conocer” tiene un montón de variantes: ¿”conocer” significa “hacerse una selfie en” (o, para ser más modernos: “ver a gente haciéndose selfies en”)? (¿Por qué recorrer entonces miles de kilómetros para hacer lo que uno podría hacer con flickr y modestas habilidades de Photoshop?) ¿O significa obtener información a través de los sentidos? (¿Y entonces por qué no mejor conformarse con búsquedas de internet, videos de viajeros influencers, restaurantes de comida típica del mapamundi, establecimientos que toda ciudad respetable tiene a borbotones?) ¿Significa que uno puede usar hashtags con conocimiento de causa? ¿”Conocer” un lugar significa entenderlo, padecerlo, observarlo sin juzgar, recorrerlo por placer, o qué?

Yo sé: deja de hacerte chamarras mentales, que estás viajando por el mundo; yo sé. Pero es que al llegar a Londres, a ese caos que es una de las ciudades paradigmáticas del planeta (dice Lonely Planet que es LA ciudad paradigmática del planeta), uno tiene que preguntarse estas cosas. ¿Viajo para integrarme momentáneamente a ese show que es Picadilly Circus? ¿O para observar con prisa el Big Ben? ¿Viajo para ir a China Town, para no saludar a la reina en Buckingham, para comprar M&Ms? ¿Viajo para hacer realidad un sueño (lo que sea que eso signifique)? ¿Viajo para comer en los currys que se deben o en los bagels nocturnos que no se deben? ¿Viajo para ser el único turista que ve una cosa que no ha visto nunca ningún otro turista, para completar una suerte de lista de experiencias turísticas de la mente universal?

Yo sé: estamos en Londres; viajamos para disfrutar Londres. Y todo lo anterior es válido, y sí, se disfruta mucho. Pero no es suficiente; el privilegio de estar en otros lados tiene que ser algo más. Acaso a la palabra “conocer” hay que agregarle un sufijo: uno viaja para conocerse. Quizá porque allá, en los sitios en los que todavía no he estado, hay algo que en el realidad me pertenece y que está rumiando, perdido también, buscándome.

– Ruy

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